El tiovivo político

Por José Luis Sampedro

En toda sociedad humana existe una minoría que manda y una mayoría que obedece. La primera impone sus leyes, a las que llama Justicia, y defiende sus valores (consagrados con el nombre de orden natural o revelación divina) y sus intereses, presentados como el bien común o el interés nacional. Esa mayoría mantiene la situación gracias al sistema educativo, a la influencia sobre la opinión por diversos medios y, en caso necesario, por el uso de la fuerza.

Entre la mayoría sometida existe una minoría crítica y disconforme que lucha por el cambio a fin de instaurar otro orden social más justo y más equitativo, dispuestos para ello a la revolución.

Si la revolución triunfa y se instalan en el poder su Justicia se va poco a poco transformando en leyes, su orden social impone los valores del grupo, que mantienen también mediante la educación y los mismos medios que sus predecesores, incluso la fuerza.

¿Se vuelve así a la situación anterior? No exactamente. Los unos y los otros aprenden, ciertos progresos se mantienen. Factores externos alientan nuevas actitudes, como el contacto con otras sociedades y, sobre todo, el progreso científico que introduce técnicas nuevas y erosiona creencias erróneas y “verdades eternas” supuestamente reveladas. Se avanza con alternativas: los reaccionarios interponen diques en el curso de la historia, pero el río de la vida se los salta por obra de revolucionarios que acaban en reaccionarios.